
Seguramente el día empezará de manera diferente para aquellos que por la noche hayan tenido una importante descarga de feniletilamina, adrenalina o endorfinas. Sustancias relacionadas con la pasión, las emociones o el amor seguro y calmo… o con una buena porción de chocolate o una rica y placentera cena.
Y antes de empezar a correr, unos minutos para la higiene personal. Dentífricos, enjuagues bucales, todo lo necesario para regular la acidez de la boca y evitar las caries.
Al pasar el peine pensamos que podríamos recurrir a las viejas recetas de la abuela del enjuague con vinagre o limón porque el pelo luce opaco. Buena idea. El medio ácido asegura un pelo más fuerte y brillante, al contrario de lo que ocurre con las bases (vieron como queda opaco y quebradizo después de una base?).
Cuando preparamos el desayuno notamos que los quemadores de bronce están manchados y agendamos limpiarlos con vinagre o limón. Cosa correcta, el medio ácido elimina los depósitos y los deja brillantes.
Decidimos comer pan lactal con omega 3, 6 y 9 porque por algo se destacará que los tienen y una galleta que menciona estar libre de grasas trans. Buena idea, pero podríamos consumir una cucharada de aceite vegetal crudo con alguna ensalada y tendríamos asegurada la dosis diaria de los ácidos grasos esenciales (nuestro cuerpo no puede sintetizarlos, hay que consumirlos con los alimentos). Estos ácidos grasos esenciales según una nomenclatura que se popularizó últimamente son omega 3, 6 y 9.
Cuando preparamos un té con leche recordamos haber leído que el té tiene algo que precipita el calcio y no permite que lo utilicemos. Cosa correcta nuevamente, por eso no debe consumirse té después de las comidas.
Como la pileta de la cocina parece tapada decidimos, antes de llamar al plomero -tarea ardua- probar con soda caústica. Buena idea. Las bases como la soda caústica reaccionan con las grasas acumuladas dando como producto jabón.
Comemos una banana, buena por el potasio y la serotonina y salimos a la calle a preocuparnos por las emisiones de dióxido de carbono, el plomo de las naftas, la lluvia ácida, los agroquímicos, los pesticidas en las carnes y las industrias contaminantes.
Durante nuestra jornada participamos de una discusión por la instalación de las papeleras, recordamos el cromo de las curtiembres, contamos calorías en el almuerzo, charlamos sobre los últimos edulcorantes y todas las novedades en postres y yogures fortificados con calcio, hierro y otros minerales que no se sabe para qué sirven, pero parece que hay que consumir.
Cuando las energías disminuyen tomamos una buena taza de café o chocolate si hace frío. De vuelta a casa pasamos por la farmacia a buscar el antiácido.
Después de cenar nos sentamos a mirar tele con una buena copa de vino que según leímos tiene componentes maravillosos para el corazón y previene el cáncer.
Esta es una breve reseña de lo que es la vida de alguien que no tiene nada que ver con la química.
Dedicado a aquellos que dicen que de química no saben nada y de manera especial a Carlos, Ceci y Betty